Espiritualidad

El don de las buenas personas está en los pequeños detalles

¿Preferirías recibir un anillo de diamantes o una carta escrita a mano de parte de la persona que consideras más importante en tu vida?

Este es un dilema constante que siempre finaliza en un debate sobre el valor monetario o sentimental de los regalos.

Y aunque dicho ejemplo se enfoca en bienes materiales, en la realidad, esta misma situación sucede con las personas. Muchas veces nos dejamos llevar por las apariencias, los lujos, los bienes y de lo que muchos alardean, sin mirar en profundidad a dicho individuo.

Mientras más brilla algo, más llamativo es, sin  embargo, esto no quiere decir que sea más valioso que algo que carece de brillo. Al contrario, esa hermosa joya digna de fotografía, anteriormente estaba rodeada de tierra y parecía una simple roca.

Una belleza oculta que vale su peso en oro en las personas

¿Pero… que queremos decir con este ejemplo? Es muy simple, las personas tienden a fanfarronear y alardear de las cosas que carecen. Y en la mayoría de las veces, se trata de seres que tras el brillo, ocultan sus verdaderos pensamientos de los demás.

Caso contrario, las personas que son realmente buenas, permanecen en la sombra. No necesitan de una publicidad excesiva para demostrar su verdadero valor y moral, por lo que mediante sus sinceras acciones y opiniones pueden establecer lazos irrompibles e insuperables.

Esta tendencia a ayudar por debajo del radar y sin llamar la atención incrementa la importancia y el deseo de encontrar a una persona genuinamente buena.  Especialmente cuando nos damos cuenta del verdadero impacto que estas personas generan en nuestra vida.

Una palabra sincera, un consejo proveniente del corazón, una palabra de aliento y su incondicional compañía, es capaz de superar en creces cualquier regalo lujoso que puedas recibir. Y he ahí donde somos capaces de responder a la pregunta inicial. Aunque esa es una respuesta personal, basada en la moral, necesidad y prioridad de cada persona.