Caminar 3.000 pasos al día podría ayudar a frenar cambios relacionados con el Alzheimer

Caminar un poco cada día podría tener un impacto mucho mayor en el cerebro de lo que imaginamos. Una investigación publicada en la prestigiosa revista científica Nature Medicine encontró que incluso niveles relativamente modestos de actividad física se asociaron con una evolución más lenta de algunos cambios cerebrales relacionados con la enfermedad de Alzheimer.

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Uno de los datos que más ha llamado la atención es que los beneficios comenzaron a observarse desde aproximadamente 3.000 pasos diarios, mientras que las asociaciones más favorables aparecieron entre los 5.000 y 7.500 pasos al día.

El estudio siguió a adultos mayores durante varios años

Los investigadores analizaron a 296 adultos mayores que inicialmente no presentaban deterioro cognitivo.

La actividad física fue medida mediante podómetros y los científicos realizaron un seguimiento de los participantes durante años, utilizando además pruebas cognitivas y técnicas de imagen cerebral para estudiar la presencia de proteínas relacionadas con el Alzheimer.

Los resultados mostraron que, entre las personas que ya presentaban niveles elevados de beta-amiloide en el cerebro, quienes realizaban más actividad física tendían a presentar una acumulación más lenta de proteína tau y un deterioro cognitivo y funcional más lento.

La proteína tau es especialmente relevante porque su acumulación anormal en determinadas zonas del cerebro está estrechamente relacionada con la progresión de la enfermedad de Alzheimer.

No serían necesarios 10.000 pasos diarios

Durante años se ha popularizado la idea de que hay que alcanzar los 10.000 pasos diarios para obtener beneficios significativos para la salud.

Sin embargo, esta investigación encontró algo especialmente interesante.

Las mayores diferencias comenzaron a observarse al pasar de niveles muy bajos de actividad a aproximadamente 3.000 pasos diarios, mientras que los beneficios asociados tendieron a estabilizarse alrededor de los 5.000 a 7.500 pasos.

Esto podría ser especialmente importante para adultos mayores o personas sedentarias, para quienes alcanzar 10.000 pasos todos los días puede resultar difícil.

Incluso aumentar gradualmente la cantidad de movimiento diario podría representar un cambio positivo.

¿Qué ocurre en el cerebro cuando caminamos?

La actividad física está relacionada con numerosos procesos beneficiosos para la salud cerebral.

Caminar regularmente puede favorecer la circulación sanguínea, mejorar la salud cardiovascular y contribuir al funcionamiento de mecanismos relacionados con la memoria, el aprendizaje y la comunicación entre las neuronas.

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En este estudio, sin embargo, los investigadores encontraron un detalle particularmente interesante: caminar más no parecía disminuir directamente la acumulación de beta-amiloide.

La asociación se observó principalmente en una acumulación más lenta de proteína tau en personas que ya presentaban niveles elevados de amiloide.

Esto podría ayudar a comprender mejor por qué mantenerse físicamente activo se ha relacionado en numerosos estudios con un menor riesgo de deterioro cognitivo.

Un hábito sencillo que puede beneficiar mucho más que al cerebro

Caminar regularmente no solamente puede favorecer la salud cerebral.

También se relaciona con beneficios para el sistema cardiovascular, la presión arterial, el metabolismo, la movilidad y el bienestar emocional.

Además, es una actividad que puede incorporarse fácilmente durante el día: caminar hasta una tienda cercana, pasear por un parque, utilizar las escaleras o realizar pequeños recorridos pueden ayudar a sumar pasos sin necesidad de realizar entrenamientos intensos.

¿Caminar puede prevenir el Alzheimer?

Los investigadores aclaran que se trata de una asociación y no de una prueba de que caminar por sí solo pueda prevenir o detener la enfermedad de Alzheimer.

El Alzheimer es una enfermedad compleja en la que intervienen factores genéticos, ambientales, cardiovasculares y relacionados con el estilo de vida.

Sin embargo, la actividad física es considerada uno de los factores modificables sobre los que las personas sí pueden actuar.

Los propios autores señalan que estos resultados respaldan la necesidad de seguir investigando la actividad física como una posible herramienta para modificar la trayectoria de las etapas iniciales de la enfermedad.

Caminar un poco más cada día puede marcar la diferencia

Uno de los mensajes más interesantes del estudio es que no es necesario convertirse en atleta para comenzar a obtener posibles beneficios.

Para una persona sedentaria, pasar de muy poca actividad a caminar alrededor de 3.000 pasos diarios puede representar un cambio importante.

Y alcanzar progresivamente entre 5.000 y 7.500 pasos podría ser un objetivo mucho más realista que perseguir obligatoriamente los famosos 10.000 pasos diarios.

Mover el cuerpo sigue siendo una de las herramientas más sencillas que tenemos para cuidar nuestra salud física y cerebral a lo largo de la vida.