La relación entre el intestino y el cerebro continúa sorprendiendo a la ciencia. Durante años se pensó que los microorganismos que viven en nuestro sistema digestivo cumplían principalmente funciones relacionadas con la digestión. Hoy sabemos que la historia es mucho más compleja.

Billones de bacterias y otros microorganismos forman la denominada microbiota intestinal, un ecosistema capaz de producir sustancias que interactúan con el sistema inmunológico, el metabolismo e incluso diferentes mecanismos relacionados con nuestro cerebro.
Ahora, una investigación publicada en 2026 aporta una nueva pieza a este rompecabezas.
Investigadores de UCLA Health encontraron una relación entre determinadas bacterias y sustancias producidas en el intestino y un indicador utilizado para estimar el envejecimiento cerebral.
El estudio analizó imágenes cerebrales de casi 1.500 adultos pertenecientes a tres grupos independientes y encontró que las personas cuyo cerebro mostraba patrones aparentemente más envejecidos de lo esperado para su edad también tendían a presentar diferencias en memoria de trabajo, funciones ejecutivas y síntomas depresivos.
En uno de los grupos, los científicos estudiaron además muestras intestinales y encontraron asociaciones entre el envejecimiento cerebral y determinadas bacterias y metabolitos producidos en el intestino.
El hallazgo abre una pregunta fascinante: ¿podría nuestra microbiota intestinal ayudarnos algún día a conocer qué tan rápido está envejeciendo nuestro cerebro?
Microbiota intestinal y envejecimiento cerebral: qué descubrió el nuevo estudio
La investigación fue publicada en la revista científica eBioMedicine y analizó la comunicación entre distintas regiones cerebrales mientras las personas se encontraban en reposo.
Los investigadores utilizaron estas imágenes para desarrollar un índice denominado Brain Aging Index (BAI), o índice de envejecimiento cerebral.
La idea es relativamente sencilla: la edad que muestra nuestro cerebro desde el punto de vista biológico no necesariamente coincide exactamente con la edad que aparece en nuestro documento de identidad.
Dos personas de 45 años, por ejemplo, podrían presentar patrones cerebrales diferentes.
Los científicos analizaron información de tres grupos independientes con 674, 444 y 344 participantes respectivamente, lo que permitió comprobar si los resultados podían repetirse en distintas poblaciones.
Los participantes cuyos cerebros parecían relativamente más envejecidos mostraron, en promedio, peores resultados en determinadas pruebas de:
- Memoria de trabajo.
- Atención y concentración.
- Funciones ejecutivas.
- Organización y procesamiento cognitivo.
También presentaron una mayor frecuencia de síntomas depresivos.
Posteriormente, en uno de los grupos, los investigadores analizaron muestras de microbiota intestinal.
Fue allí donde encontraron la conexión más llamativa.
El intestino podría entregar pistas sobre la edad del cerebro
Los científicos identificaron asociaciones entre un mayor índice de envejecimiento cerebral y determinadas bacterias intestinales y metabolitos, es decir, sustancias generadas o modificadas durante diferentes procesos metabólicos.
Entre las señales encontradas aparecieron moléculas relacionadas con grasas, metabolismo del colesterol y distintas vías biológicas vinculadas con:
- El sistema inmunológico.
- La salud de los vasos sanguíneos.
- La comunicación entre las células cerebrales.
- La producción de energía celular.
Según los investigadores, estos resultados podrían ayudar a comprender procesos relacionados con el envejecimiento cerebral mucho antes de que una persona desarrolle síntomas evidentes.
La investigadora Arpana Church, autora principal del trabajo y codirectora del Goodman-Luskin Microbiome Center de UCLA Health, señaló que el envejecimiento cerebral no comienza repentinamente durante la vejez y que algunas señales biológicas podrían detectarse décadas antes.
¿Puede la microbiota decir exactamente cuántos años tiene nuestro cerebro?
Todavía no.
Es importante diferenciar una investigación prometedora de una herramienta médica disponible actualmente.
El estudio encontró asociaciones entre microbiota, metabolitos intestinales y envejecimiento cerebral, pero esto no significa que actualmente pueda enviarse una muestra de heces a un laboratorio y recibir como resultado una cifra exacta de la edad biológica del cerebro.
Tampoco demuestra que determinadas bacterias sean directamente responsables de acelerar o retrasar el envejecimiento cerebral.
El estudio fue principalmente observacional.
Lo realmente interesante es que proporciona nuevas pistas sobre procesos biológicos que podrían participar en las diferencias individuales del envejecimiento cerebral.
En el futuro, estos descubrimientos podrían contribuir al desarrollo de nuevos biomarcadores o estrategias preventivas, pero todavía se necesita más investigación.
¿Qué es la microbiota intestinal?
La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos que viven principalmente en nuestro intestino grueso.
Está formada por bacterias, hongos, virus y otros microorganismos que mantienen una relación permanente con nuestro organismo.
Lejos de ser simples pasajeros, estos microorganismos participan en numerosas funciones.
Entre ellas se encuentran:
- La digestión de determinados componentes de los alimentos.
- La producción de algunas vitaminas.
- La regulación del sistema inmunológico.
- El mantenimiento de la barrera intestinal.
- La producción de sustancias metabólicas.
- La interacción con diferentes órganos.
La composición de la microbiota tampoco es exactamente igual en todas las personas.
Puede verse influida por factores como la alimentación, edad, actividad física, genética, medicamentos, enfermedades, sueño, estrés y ambiente.
El eje intestino-cerebro: una conexión que la ciencia estudia cada vez más
La comunicación entre nuestro aparato digestivo y el cerebro recibe el nombre de eje intestino-cerebro.
Se trata de una comunicación bidireccional.
El cerebro puede influir sobre el intestino, algo que muchas personas experimentan cuando sienten molestias digestivas durante periodos de ansiedad o estrés.
Pero el intestino también puede enviar señales hacia el cerebro.
Existen diferentes mecanismos que participan en esta comunicación.
El nervio vago
El nervio vago constituye una de las grandes vías de comunicación entre el cerebro y diferentes órganos internos.
Sus fibras participan en la transmisión de información procedente del aparato digestivo.
Una investigación publicada en Nature en marzo de 2026 identificó en ratones un mecanismo mediante el cual cambios de la microbiota asociados con la edad podían interferir con señales nerviosas procedentes del intestino y afectar mecanismos relacionados con la memoria.
El sistema inmunológico
Las bacterias intestinales interactúan constantemente con nuestras defensas.
Determinados cambios de la microbiota podrían modificar señales inflamatorias que circulan por el organismo.
La inflamación crónica de bajo grado es precisamente uno de los procesos estudiados actualmente por su relación con el envejecimiento.
Los metabolitos intestinales
Las bacterias producen numerosas sustancias cuando metabolizan diferentes componentes de los alimentos.
Algunas pueden influir sobre otros tejidos del organismo e intervenir en procesos metabólicos, inmunológicos y neurológicos.
Por eso, los investigadores no están interesados únicamente en conocer qué bacterias viven en nuestro intestino, sino también qué sustancias están produciendo.
Un experimento en animales encontró una conexión directa con la memoria
Una de las investigaciones más interesantes sobre este tema apareció en Nature en marzo de 2026.
Los científicos analizaron cómo cambia el microbioma intestinal durante el envejecimiento de ratones.
Encontraron que determinadas bacterias aumentaban con la edad y producían ácidos grasos de cadena media capaces de activar procesos inflamatorios.
Una bacteria denominada Parabacteroides goldsteinii tuvo un papel especialmente relevante.
Según el estudio, estas señales podían alterar la función de neuronas del nervio vago y reducir la información que llegaba desde el intestino hasta el cerebro.
Como consecuencia, se deterioraba la activación neuronal en el hipocampo, una región fundamental para la formación de recuerdos.
Los investigadores lograron mejorar la memoria de los animales utilizando diferentes intervenciones experimentales dirigidas a esta vía.
Esto aporta evidencia interesante sobre un posible mecanismo intestino-cerebro.
Sin embargo, los resultados fueron obtenidos en animales y no pueden trasladarse automáticamente a seres humanos.
La microbiota también se relaciona con la función cognitiva en personas mayores
Otra investigación publicada el 9 de octubre de 2026 estudió a 155 adultos mayores de Okinawa, Japón, una región conocida históricamente por la longevidad de su población.
Los participantes fueron sometidos a diferentes pruebas neuropsicológicas y los investigadores analizaron posteriormente su microbiota intestinal.
Los científicos encontraron asociaciones entre la composición del microbioma y el rendimiento cognitivo.
Una bacteria llamada Fusicatenibacter saccharivorans, considerada potencialmente antiinflamatoria, mostró una relación positiva con mejores puntuaciones cognitivas.
También encontraron diferencias en determinadas funciones microbianas entre personas cognitivamente sanas y participantes con deterioro cognitivo leve.
Sin embargo, los propios investigadores señalaron que se necesitan estudios longitudinales y experimentales adicionales para determinar si estas bacterias participan directamente en los cambios cognitivos o simplemente reflejan otros procesos relacionados con el envejecimiento.
¿Los probióticos podrían beneficiar al cerebro?
Esta pregunta también está siendo investigada.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Age and Ageing durante septiembre de 2026 analizó 14 estudiosrealizados en adultos mayores.
La mayoría eran ensayos controlados que habían utilizado:
- Probióticos.
- Prebióticos.
- Simbióticos.
El objetivo era determinar si modificar la microbiota podía influir sobre la función cognitiva.
Los investigadores encontraron señales favorables en determinadas pruebas cognitivas, aunque los resultados variaron entre los estudios y entre los diferentes tipos de intervención.
Los resultados son prometedores, pero todavía no permiten afirmar que tomar cualquier suplemento probiótico prevenga el envejecimiento cerebral o la demencia.
Existen numerosas especies y cepas de microorganismos y sus efectos pueden ser muy diferentes.
¿Puede un probiótico evitar que envejezca nuestro cerebro?
Actualmente no existe evidencia suficiente para afirmarlo.
Un suplemento probiótico no debe considerarse un tratamiento para rejuvenecer el cerebro.
Además, los suplementos comercializados como probióticos pueden contener cepas completamente diferentes de las utilizadas en estudios científicos.
La investigación actual busca comprender si modificar determinadas comunidades microbianas podría convertirse en una herramienta complementaria para promover un envejecimiento saludable.
Pero estamos todavía lejos de disponer de una “bacteria antienvejecimiento”.
¿Qué alimentos favorecen una microbiota intestinal saludable?
La microbiota es extraordinariamente compleja, por lo que tampoco existe un único alimento capaz de transformarla.
Sin embargo, diferentes patrones alimentarios se relacionan con una mayor diversidad de microorganismos intestinales.
Entre los alimentos habitualmente asociados con una dieta favorable para la microbiota se encuentran:
Frutas y verduras
Aportan fibras y diferentes compuestos vegetales que pueden ser utilizados por determinadas bacterias intestinales.
Legumbres
Lentejas, garbanzos, porotos y otras legumbres aportan fibra fermentable y almidón resistente.
Cereales integrales
Avena, cebada y otros cereales integrales pueden proporcionar diferentes fibras utilizadas por microorganismos intestinales.
Frutos secos y semillas
Además de grasas saludables, contienen fibras y numerosos compuestos vegetales.
Alimentos fermentados
Productos como yogur o kéfir contienen microorganismos procedentes de procesos de fermentación.
Esto no significa que todas las personas necesiten consumir los mismos alimentos.
Quienes presentan determinadas enfermedades digestivas, alergias o intolerancias pueden requerir una alimentación adaptada individualmente.
La fibra alimenta a algunas bacterias intestinales
Uno de los mecanismos más interesantes ocurre cuando ciertas fibras llegan al colon.
Nuestro organismo no puede digerir completamente algunos tipos de fibra.
Las bacterias intestinales pueden fermentarlas y producir sustancias denominadas ácidos grasos de cadena corta, entre ellas:
- Butirato.
- Acetato.
- Propionato.
Estas moléculas participan en numerosos procesos relacionados con la barrera intestinal, metabolismo e inmunidad.
Precisamente por esta razón existe un creciente interés científico en comprender cómo una alimentación rica y diversa en fibras podría influir indirectamente sobre otros órganos.
¿Qué factores pueden cambiar nuestra microbiota?
La microbiota no permanece idéntica durante toda la vida.
Puede cambiar por numerosos factores, entre ellos:
- Edad.
- Alimentación.
- Medicamentos.
- Uso de antibióticos.
- Enfermedades.
- Actividad física.
- Sueño.
- Estrés.
- Alcohol.
- Entorno.
- Hábitos cotidianos.
No todos los cambios son necesariamente perjudiciales.
Además, actualmente no existe una única definición universal de una “microbiota perfecta”.
Dos personas completamente sanas pueden presentar composiciones bacterianas bastante diferentes.
¿Puede analizarse la microbiota para saber cómo está nuestra salud?
Actualmente existen pruebas comerciales capaces de analizar microorganismos presentes en muestras intestinales.
Sin embargo, interpretar estos resultados es mucho más complicado de lo que puede parecer.
La ciencia todavía está intentando determinar qué combinaciones específicas de microorganismos representan realmente un riesgo o un beneficio para cada individuo.
Por eso, una prueba comercial de microbiota no debe interpretarse como un diagnóstico de envejecimiento cerebral, deterioro cognitivo o enfermedad neurológica.
El estudio de UCLA abre una posibilidad científica interesante, pero todavía no existe un examen clínico validado que determine cuánto ha envejecido nuestro cerebro utilizando únicamente nuestra microbiota intestinal.
¿Por qué dos personas de la misma edad pueden tener cerebros diferentes?
La edad cronológica cuenta cuántos años hemos vivido.
La edad biológica intenta reflejar cómo están funcionando y envejeciendo realmente nuestros tejidos.
Una persona puede tener 50 años y presentar indicadores cardiovasculares, metabólicos o cerebrales muy diferentes a los de otra persona exactamente de la misma edad.
El envejecimiento del cerebro puede estar influido por múltiples factores, entre ellos:
- Genética.
- Actividad física.
- Calidad del sueño.
- Presión arterial.
- Alimentación.
- Salud metabólica.
- Consumo de alcohol y tabaco.
- Relaciones sociales.
- Estimulación cognitiva.
- Enfermedades.
- Factores ambientales.
La microbiota intestinal podría convertirse en una pieza adicional dentro de este complejo rompecabezas.
Cómo cuidar la microbiota y el cerebro al mismo tiempo
No existe una fórmula capaz de garantizar un determinado tipo de microbiota o evitar completamente el envejecimiento cerebral.
Sin embargo, varios hábitos beneficiosos para la salud general también pueden favorecer tanto al sistema digestivo como al cerebro.
Una alimentación variada y rica en alimentos vegetales, actividad física regular, sueño adecuado, evitar el tabaco y mantener bajo control factores de riesgo cardiovascular siguen siendo pilares importantes de un envejecimiento saludable.
No se trata de buscar una bacteria milagrosa.
La evidencia científica apunta cada vez más hacia una visión integral en la que intestino, cerebro, sistema inmunológico, metabolismo y estilo de vida permanecen profundamente conectados.
Preguntas frecuentes
¿La microbiota intestinal puede revelar qué tan rápido envejece nuestro cerebro?
Un estudio de UCLA encontró asociaciones entre determinadas bacterias y metabolitos intestinales y un índice de envejecimiento cerebral. Sin embargo, todavía no existe una prueba clínica capaz de determinar individualmente la velocidad de envejecimiento cerebral a partir de la microbiota.
¿Qué relación existe entre la microbiota y el cerebro?
Intestino y cerebro mantienen una comunicación bidireccional a través de mecanismos nerviosos, inmunológicos, hormonales y metabólicos. Esta red recibe el nombre de eje intestino-cerebro.
¿Las bacterias intestinales pueden afectar la memoria?
Estudios realizados en humanos muestran asociaciones entre microbiota y función cognitiva. Investigaciones experimentales en animales también han identificado mecanismos mediante los cuales determinados cambios intestinales asociados con la edad pueden alterar señales relacionadas con la memoria.
¿Los probióticos mejoran la memoria?
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 encontró resultados prometedores en determinadas funciones cognitivas de adultos mayores después de intervenciones dirigidas a la microbiota. Sin embargo, todavía se necesitan estudios adicionales antes de establecer recomendaciones clínicas generales.
¿Qué alimentos ayudan a cuidar la microbiota?
Frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, semillas y otros alimentos ricos en diferentes tipos de fibra pueden contribuir a mantener una alimentación favorable para la microbiota.
¿Una mala microbiota provoca Alzheimer?
No existe evidencia suficiente para afirmar que una microbiota determinada sea por sí sola responsable de causar Alzheimer. La relación entre microbioma y enfermedades neurodegenerativas sigue siendo objeto de intensa investigación.
¿Puedo hacerme un examen para conocer la edad de mi cerebro mediante la microbiota?
Actualmente no existe un test clínico validado que determine de forma fiable la edad cerebral utilizando únicamente una muestra intestinal.
Conclusión
La posibilidad de que las bacterias de nuestro intestino puedan aportar información sobre cómo está envejeciendo nuestro cerebro habría parecido extraordinaria hace apenas unas décadas.
Hoy se ha convertido en una de las líneas más interesantes de investigación dentro del eje intestino-cerebro.
El estudio de UCLA publicado en eBioMedicine encontró asociaciones entre envejecimiento cerebral, microbiota intestinal, metabolitos, memoria, funciones ejecutivas y estado de ánimo, incluso en adultos jóvenes y de mediana edad.
A esto se suman investigaciones realizadas en adultos mayores y estudios experimentales que muestran que los microorganismos intestinales podrían participar en procesos relacionados con memoria, inflamación y envejecimiento cognitivo.
Pero todavía quedan muchas preguntas.
No sabemos si determinados perfiles de microbiota son una causa del envejecimiento cerebral, una consecuencia de otros cambios del organismo o una combinación de ambos fenómenos.
Tampoco existe hoy una bacteria milagrosa, un probiótico capaz de rejuvenecer el cerebro ni una prueba intestinal que permita saber exactamente cuántos años tiene nuestro cerebro.
Lo que sí parece cada vez más evidente es que intestino y cerebro mantienen una relación mucho más profunda de lo que durante años imaginamos.
Comprender esa conexión podría permitir algún día detectar señales de envejecimiento cerebral mucho antes de que aparezcan síntomas evidentes y abrir nuevas posibilidades para promover una vida más saludable durante el envejecimiento.
Fuentes originales
UCLA Health – Brain aging may be detected decades before symptoms appear, with links to gut health
Abrir fuente original de UCLA Health
eBioMedicine – Brain-gut crosstalk associated with brain ageing in young and mid-life adults: a multicohort cross-sectional study
Abrir estudio original en eBioMedicine / ScienceDirect
Nature – Intestinal interoceptive dysfunction drives age-associated cognitive decline
Abrir estudio original en Nature
Age and Ageing – Gut microbiome modulation can improve cognitive function in older adults: a systematic review and meta-analysis
Abrir estudio original en Oxford Academic
npj Dementia – Gut microbial signatures associated with cognitive performance in older adults from the long-lived Okinawan population
Abrir estudio original en Nature



