Espiritualidad

A veces no estoy para todos… porque yo también me hago falta

Existen momentos que no estamos para nadie ya que también nosotros nos hacemos falta, además necesitamos escucharnos, remendar espacios rotos, limar esquinas afiladas y superar todo lo que nos pudo haber roto en algún momento.

Si no contestas mensajes o colocas en silencio tu teléfono durante horas o días, no significa que hayas cerrado puertas, solo que has ido de paseo contigo mismo, con ese alguien que había largamente descuidado.

Es curioso como nos abandonamos a nosotros mismos y nos dejamos en bandeja de spam. Esto se debe a que vivimos en una sociedad tremendamente demandante y competitiva. Por lo que hay muchas cosas que hacer y los días pueden ser tan trepidantes como agotadores.

A ellos se les añade los nuevos sistemas de comunicación, ahí es donde el trato e interacciones son más constantes e inmediatas.

Llegaste a tu límites y no te has dado cuenta que te haces falta

falta

Todos los días te enfrentas a diez montañas que encumbrar y decenas de obstáculos que sortear y lo consigues sin duda alguna, pero nadie te da un reconocimiento por eso.

Así poco a poco las cosas pierden su significado y las personas su sabor. Por lo que, el mundo ya no posee música, no rima, agilidad y terminas hundiéndotela en tus propias responsabilidades como la Piedad que cae en un pozo sin fondo.

El estar para todo en todo momento, tiene una cuota de intereses secretamente elevada. Estas señales de este proceso de estrés constante puede llevarte a una depresión, por lo que debemos estar muy atentos a los síntomas, los cuales son:

  • Malas digestiones
  • Impaciencia e irritabilidad
  • Dolor de espalda
  • Dolor de cabeza
  • Frustración

Hoy solo estoy para mi

Si dices en esos días “estoy solo para mí, para nadie más” no llega a ser una falta de respeto. No dañas a nadie, ni descuidas a nadie, por lo que el mundo seguirá girando y los ríos fluyendo.

Solo sucederá algo maravilloso, nos abriremos a la sanación emocional, nos daremos tiempo, atención y espacio propio. Será como si nos introdujéramos en un hueco de un árbol para solo tomar contacto con nuestras raíces, ahí nos reencontraremos casi en posición fetal, para poder nutrirlo y permitir que nuestras hojas y ramas crezcan.

Así que reflexiona ante estas propuestas:

  • Al percibir alguna presión externa que te esté impidiendo ser tu mismo, por lo que tienes que pararte y visualizarte.
  • Si no tiene un plan de supervivencia, es el momento que tengas uno para poder reencontrarte contigo mismo.
  • Marcar prioridades.

Ten en claro que habrá días en que la prioridad absoluta y total solo serás tú. Es importante dejarlo claro a quienes conforman nuestro contexto más próximo y no es ningún egoísmo.

Así que no está mal si apagas el móvil, sales a caminar, respirar y acobijarte en tus propios pensamientos, siendo un acto de salud mental.