La historia de Jeanne Louise Calment es una de las más fascinantes y estudiadas en el mundo de la longevidad humana. Nacida en Arlés, Francia, en 1875, vivió hasta los 122 años y 164 días, convirtiéndose oficialmente en la persona más longeva jamás registrada. Su caso continúa despertando interés porque sus hábitos diarios parecían contradecir muchas recomendaciones modernas sobre salud y estilo de vida. Según documentos históricos, fumó durante casi cien años, bebía vino con frecuencia y comía alrededor de un kilo de chocolate por semana. Aun así, mantuvo lucidez mental, movilidad y un carácter notablemente optimista.

Quién fue Jeanne Calment
Jeanne Calment nació en una época donde no existía electricidad en muchas zonas de Francia y llegó a ver la llegada de los aviones, la televisión, internet y tres siglos distintos. Fue testigo de dos guerras mundiales y vivió más de 40 años después de la muerte de su único hijo. Llevó una vida sencilla, social y activa, lo que muchos investigadores consideran uno de los factores claves de su longevidad.
Sus hábitos más llamativos
Documentos biográficos y entrevistas de la época revelan tres hábitos muy particulares:
1. Fumaba todos los días
Jeanne comenzó a fumar a los 21 años y lo dejó por decisión propia a los 117. Se estima que fumaba entre uno y dos cigarrillos diarios. Aunque esto contradice todo consejo actual de salud, en su caso la cantidad era muy baja y su estilo de vida activo compensaba parte del daño.
2. Consumía vino con regularidad
El vino formaba parte de su dieta cotidiana, especialmente el vino tinto del sur de Francia. Este hábito ha sido estudiado por su relación con el famoso «paradoja francesa», la cual sugiere que el consumo moderado de vino tinto podría tener efectos antioxidantes gracias al resveratrol.
3. Comía chocolate casi a diario
Jeanne Calment comía alrededor de un kilo de chocolate por semana, según varias entrevistas. El chocolate oscuro contiene flavonoides antioxidantes que, en cantidades moderadas, pueden favorecer la salud cardiovascular.
Qué dice la ciencia sobre su longevidad
A pesar de que su estilo de vida parece contradictorio con la salud moderna, los científicos coinciden en que Jeanne Calment poseía una genética excepcional. Estudios sobre longevidad indican que entre el 20 y el 30 por ciento de la esperanza de vida está influenciada por genes heredados. Su caso también destaca la importancia de otros factores:
- Bajo nivel de estrés crónico.
- Actividad física regular, aunque ligera.
- Alto nivel de interacción social.
- Personalidad optimista y sentido del humor.
- Hábitos controlados y no excesivos.
Los científicos creen que su organismo tenía una capacidad inusual de reparación celular, lo que le permitió tolerar hábitos que para la mayoría serían perjudiciales.
El factor emocional y espiritual en su larga vida
Jeanne Calment mantenía una forma de ver la vida profundamente relajada. Declaró en varias entrevistas que jamás se preocupaba demasiado por el futuro, y que uno de sus secretos era «tener buen humor y no guardar rencor». Desde una perspectiva espiritual y emocional, este tipo de actitud reduce significativamente la carga de estrés que envejece las células y acorta la vida.
Diversos estudios sobre psicología del envejecimiento muestran que las personas con mayor longevidad suelen compartir rasgos similares: resiliencia, humor, curiosidad y una visión positiva del día a día. Jeanne encajaba perfectamente en ese perfil.
Qué podemos aprender hoy de su historia
Aunque sus hábitos no deben tomarse como una recomendación médica, la historia de Jeanne Calment nos recuerda que la salud y la longevidad no dependen únicamente de reglas estrictas. La genética, la actitud emocional, las relaciones sociales y el placer moderado pueden construir un equilibrio vital más importante de lo que tradicionalmente se cree.
Su caso sigue siendo estudiado porque demuestra que la vida humana puede extenderse mucho más de lo que pensamos, especialmente cuando se combina una biología privilegiada con una filosofía de vida tranquila, social y llena de pequeños placeres.

